LA ÚLTIMA TARDE
Director: Joel Calero
Publicación: 9 de Agosto del 2016
Género: Drama
Reparto: Lucho Cáceres y Katerina D'Onbofrio
El filme peruano más gris de las últimas tardes limeñas, cuenta la historia de dos ex militantes de sendero luminoso, quienes se reencuentran, luego, de 19 años, para divorciarse y continuar, con sus vidas ya construidas. Sin embargo, la demora en los trámites hace renacer, más que el amor, la ira, el resentimiento, el perdón, y las distinciones ideológicas-políticas.
De los planos de larga duración nace la sensación del humanismo silencioso, ese que remueve los corazones subversivos. Calero, trata el amor desde un punto polémico como lo es, el terrorismo. Parte de un contexto que une a una rebelde burguesa y un cuzqueño de raíces agrícolas. El silencio y el tiempo, son dos elementos que Calero maneja cuidadosamente, y los refleja a la perfección en Cáceres y D'Onofrio.
El silencio, en cada escena, con el sonido de los autos, el caminar de las personas, las miradas resignadas e insatisfechas. El tiempo, en el pesar de los años, en lo que dan las vivencias, en todo lo que se ha construido, en lo que ya tiene un rumbo trazado. El contraste político con el amor y el desamor, quizás sea el punto flaco del filme, porque no se ahonda en el contexto terrorista, los protagonistas no llegan a convencer en su pasado comunista-leninista-maoista. Sin embargo, es compensado con las actuaciones, que con el pasar del tiempo melancólico, se va acentuando la tensión.
Es previsible que con un filme con poco presupuesto, se recurra a los primerísimos primeros planos, a los rostros, a los gestos, a las emociones, a las historias contadas que permiten la imaginación del espectador, logrando así, un alumbramiento de reflexiones sobre su situación económica y social, ya que, está dirigido a todo tipo de público, por ello, el enfoque amoroso lo cual, lo hace más comercial.
Además, el guión ameritaba aquellas características.
Hubiera favorecido una profundidad en las explicaciones, apoyándolas con escenas, como si fueran sueños, sin quitarle la realidad gris que presenta el director. Aunque, el climax del filme fue cuando Laura (Katerina D'Onofrio) recuerda a su madre enferma de cáncer, recuerdo que llegó a su límite al contener el llanto, y lagrimear, que fue un canto a la vida cuando narraba la recuperación de su madre, el como su piel retomaba su color natural, el como se encendía la luz de la esperanza y con ella, la tranquilidad. La ambientación fue propicia al filme, con unos toques sombríos y de amargura, transmitiendo frustración de inicio a fin.
Es notorio el aprendizaje del director, tenindo en cuenta las referencias de las cuales se sujeta como dos directores del mismo corte de primeros planos fijos, como lo son los directores: Richard Linklater (norteamericano) y Éric Rohmer (francés). El primero, con una visión minimalista sin rumbo de la realidad, y el segundo, que jugaba con lo simple y todo lo hacía ver como procesos profundos.
La pareja sumergida en un discute intenso de idas y venidas, dos personajes desconocidos, mientras las transiciones mareaban en un sin fin de tomas repetitivas, con la intención de que el espectador se involucre en el diálogo. Unos estudiantes en huelga, el pasar de las horas, el pasar del tiempo y la ideología muestra su lado más feroz en la rueda del amor gris de una última tarde castigadora. Y el final, aunque no sigue la tonada del filme es inesperado y dramático. Recomendable, si se le aprecia desde el punto de vista reconciliador, para un nuevo renacimiento de Ramón, que se resistía al olvido y de Laura, quien se negaba a la remembranza sentimental. De otra manera, si se le aprecia como personajes políticos, el filme se va a caer por sí solo. Y quizá, te preguntarás, porqué el pasado siempre importa.





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